¿Cuando te acercaste a la escultura por primera vez?

Desde muy chica hice cosas, manualidades. Juntaba caracolitos en la playa y hacía casitas, me divertía. Pero al tener dos abuelos artistas (Josefina Robirosa y Jorge Michel) el arte siempre estuvo muy cerca. En lugar de ir a la plaza a jugar iba a los talleres de mis abuelos. El arte fue una herramienta natural que me dio la vida. Me permitió desarrollarme y enfrentar todo lo que significa ir creciendo.
Cuando iba al taller de mi abuela, me calzaba una de sus largas camisas y la acompañaba pintando a su lado. También mi abuelo solía juntarme en un tacho gigante las maderitas y piedras que iban saliendo de sus esculturas. así, cuando lo visitaba podía tirar todo lo que estaba dentro del tacho al piso y crear cosas, jugar. todavía hoy, cuando entro a mi taller el olor de la madera me remite a viejas épocas, sobretodo al taller de mi abuelo.
Como fui la primer nieta y la única mujer siempre tuve una relación muy cercana con mis abuelos. Todos los fines de semana, desde los dos años, les pedía a mis padres ir a la casa de Api (mi abuela).
Era un fiesta, podía hacer todo lo que quería y nadie te decía que no a nada. Pintaba, enchastraba el piso y no pasaba nada. Para mí, era normal tener tan a mano el arte.

No había ninguna clase de represión.
Nada. Era completamente libre en esos lugares. Hoy me rÍo cuando me digo para mis adentros que evidentemente seguí buscando lo que me fascinaba de chica: esa libertad, lo que te lleva a un lugar de búsqueda sin condicionamientos.

¿Cuando decidiste empezar a esculpir, a tomártelo en serio?
A los 15 años me gustaba hacer figuras de cuerpos humanos con arcilla. Después, la vida me fue llevando a otros lugares: empecé a estudiar psicología pero al tiempo dejé porque no me veía sentada en un consultorio. Por un lado, me interesaba la libertad, la expresión y el no condicionamiento en el arte y, por otro lado, me fascinaba el estudio de la mente, saber qué pasa con el conocimiento intuitivo, en la psicología. Recién hoy hago la relación entre las dos cosas.
En ese momento, descubrí que aquello que consideraba normal era la que tenía que hacer: expresarme manualmente con la materia. Concurrí a talleres de dibujo (con y sin modelo vivo), cemento, escultura, yeso y algunos más. Experimenté y cursé algunas materias de Bellas Artes hasta que ingresé al taller de Jorge Gamarra y, ahí definitivamente dije “esto es lo que estaba buscando”. Si bien siempre tuve muy claro que la escultura (lo tridimensional) era mi camino, en el taller de Jorge conocí las técnicas para tallar la madera gruida por un excelente maestro. Me enseñó toda la parte manual, más artesanal, o sea a trabajar la madera con las herramientas y las manos. Necesitas mucha paciencia pero es muy especial, muy noble, conocer ese tipo de trabajo y saber hacerlo. Y fue ahí donde hice mi primer obra en madera.

¿Como buscas la forma?
Hay dos maneras. unas veces, tengo un pedazo de madera y veo una forma especifica en ese tronco, la encuentro. otras, me surge la idea en algún lado y empiezo de cero a trabajar la forma. En algunos casos, uso la técnica del modelado que es más fácil para encontrar una forma. Voy probando hasta llegar a algo concreto porque no siempre sale todo perfecto desde el principio. Cuando tengo la miniatura busco la madera que se adecue a esa forma, la Multicolor acrílico sobre tela planteo en el tronco y agarro la motosierra (risas). Aunque los nudos y las vetas van cambiando y moviendo la forma, trato de trazar los ejes para mantenerla ubicada en el tronco y saco los restos con la motosierra hasta que, prácticamente, se ve bastante concreta. Entonces, con la gubia y la escofina hago el trabajo más fino: me meto en la sutilezas y voy puliendo la forma.

¿Es tarea del escultor encontrar una esencia en la materia?
Creo que todo es una esencia. La idea de mi trabajo es una búsqueda del ser. Es encontrar una esencia pura donde converge todo, donde todas las esencias son una sola. El punto donde todo se une, donde no hay separación no hay dualidad.
La materia para mi representa el mundo real. Existe, está acá, se puede tocar, es real y la vemos. ahora, qué pasa cuando eso se transforma en no materia, cuando uno la interviene, saca de la materia lo que está detrás. Es una búsqueda con cualquier cosa que agarres, el tronco, mi propio ser, el universo, el mundo, es buscar eso verdadero que esta detrás de nuestros ojos.

Es una búsqueda continua.
¡Si! a veces agotadora.

¿Porque elegiste “Vacuidades” y “En busca del saber no sabido” como títulos para tus obras?
Los nombres de las obras surgen en la medida que las voy trabajando. Se me aparecen formas que no conozco pero me hacen sentir algo. Me sugieren cosas. Hasta llegar al pulido final el trabajo con la madera lleva mucho tiempo. En el largo proceso hago un trabajo personal interno de comprender, decodificar la forma para poder ponerla en pensamiento para poder darle un sentido que podamos entender. Es como entender lo incomprensible.
La vacuidad, para mí, es un vacío lleno; es como agarrar una cebolla e ir sacando las capas para comprender el tránsito de ese vacío. Y, así necesité siete esculturas para comprender como llenar ese espacio vacío (risas). Es un trabajo metal además del manual, materia y ser humano. Quizás mi fascinación con la psicología me lleva a buscar racionalizar lo que es completamente intuitivo y que uno no puede explicar con palabras. Por ahí en otro punto de la vida no necesite la escultura para comprenderlo. ahora, la forma es mi puente al otro mundo. a eso que no entendemos, que creemos incomprensible, pero que sabemos que existe en esa otra realidad.

¿Tienes un escultor que sea tu referente?
La verdad que no. Siento que trabajo más con las formas que vienen de otro estado de conciencia, de otro lugar que no es el terrestre. En mi intención de unir creo que todo es movimiento, el fluir del adentro y del afuera, del uno y del otro. todas mis obras tienen una línea de movimiento infinito sin principio ni final. Tengo una necesidad de integrar, de hacer fluir en un movimiento natural toda está invasión externa de información que recibimos constantemente y que, muchas veces, es muy agresiva. intento armonizar tanto que uno recibe y tanto que uno saca.
Sinceramente, considero que dentro del arte en sí no me puedo encasillar. Lo que hago tiene que ver más con una búsqueda espiritual que con una carrera artística. Una búsqueda muy genuina de tratar de unir, de ser uno con el todo que nos rodea, de comprender qué somos, a qué venimos, qué estamos haciendo. Considero que uno puede complementarse, recibir y dar sin tanta carga agresiva de diferencias de egos. Por eso, me resulta difícil hablar de una carrera artística porque va mas allá.
Saco mis obras para afuera y son de quienes las quieran ver. No tengo un apego a mis esculturas, ni quiero que me representen o reflejen. Entrego al universo formas y movimientos para que nos hagan sentir una cosa diferente. Algunas personas me dijeron que se encuentran en una forma sin saber, se reconocen en lo orgánico que todos sentimos pero no podemos explicar. Se trata, simplemente, de tener una sensación y de que la obra te lleve adonde quieras ir. dejarse llevar por el movimiento, envolverse, porque por ahí te propone algo diferente a lo usual.

¿Cuando te fuiste a Baradero sentiste que cambio algo en tu obra?
Irme a Baradero significó estar frente a frente conmigo. Con el tema de los maestros y las admiraciones, a veces, uno se confunde con el otro y es necesaria una distancia para encontrarte con vos misma. aislarse es un camino único pero en la ciudad se hace muy difícil porque tenés que estar permanentemente en contacto con otras personas que, además opinan qué tenés que hacer y dejar de hacer. Y llega un momento que es muy complicado mantener distancia.
Alejada vivo en una burbuja que a mí me sirve, me hace bien y lo necesito. ahí soy nada más que yo con mi alma y surge lo que tiene que surgir. Me resulta muy complicado cuando empiezo a interrelacionarme con el resto de la gente. además de consumirme mucha energía, me cuesta separar y ver dónde termina uno y dónde empieza el otro. Darme valor a lo que yo soy. Sin embargo, en el taller me encuentro conmigo y no hay nadie más.

Además que venís de una familia de artistas muy reconocidos y quieras o no eso debe tener cierto peso.
Tal cual. Fue la necesidad de retirarse para realmente comprender quién soy. Para tener la seguridad de enfrentar al mundo diciendo soy María Torcello tuve, primero, que encontrarme. Mi taller de Baradero es mi templo sagrado donde no entra nadie más. Sólo mi ser tratando de estar en comunión.

¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy con una nueva serie que se llama Holos (prefijo de holograma) que significa el todo y algo más. Un día investigando, me fascinó saber que cada parte del holograma tiene la información de la figura entera. Si esto sucede con el holograma, si se puede refractar y que cada parte contenga la información de ese todo nosotros seremos un holograma entonces. Cada uno de nosotros somos una parte pero una parte que contiene a la vez ese todo, nómbralo Dios, Todo, Ser Supremo, Energía o Universo. Tengo la sensación de que uno no es Dios pero es parte de Dios, es eso y también la parte.

Hace poco publicaste cuentos. ¿Se complementa la escritura con la escultura?
Totalmente. Cuando estoy haciendo una obra trabajo con energías y percepciones que no son racionales. En el momento que me encuentro con la obra, en ese segundo de lucidez donde comprendo todo (la forma, el concepto), es ahí cuando agarro lápiz y papel y escribo. Sino todo se esfuma a los dos minutos y perdí el instante de claridad. La escritura nació como una necesidad. Empecé a escribir todas esas ideas que me iban surgiendo de la propia forma y ahora se convirtió en un libro de viaje que reúne pensamientos, ideas que van surgiendo con lo que cada forma me va proponiendo. Me divierte pensar que uno hace magia. Trae cosas de otros lugares y transforma la materia. En verdad, a veces ni yo sé como llego a esa forma. tengo un mundo de fantasía al que me divierte ir. Una mañana me desperté recitándome un cuento. agarre lápiz y papel y lo escribí, y... ¡me encantó!. Se lo leí a mis hijos y se rieron. Me di cuenta que es interesante la escritura como herramienta de expresión y empecé a escribir pequeñas historias que a primera vista son infantiles pero en realidad son para todo el mundo. Nuestra existencia es mucho mas simple de lo que uno cree.

BIOGRAFIA
María Torcello (1978) nació en la Ciudad de Buenos Aires. De abuelos artistas, estudió Psicología y Bellas Artes aunque se dedicó íntegramente a su vocación: la escultura. Asistió al taller del maestro Jorge Gamarra donde aprendió a esculpir y tallar la madera.
En el año 2006, recibió una Mención Honorífica por su obra “El principito” en el Premio Argentino de Artes Visuales 2006 de la Fundación OSDE. En el 2009, su obra “Homenaje a Hernán Figueroa Reyes” se declaró Monumento y Patrimonio Artístico de la Ciudad de Baradero, donde hace 10 años reside la artista. A su vez, su obra “Relatividad” fue seleccionada para participar en el 98º edición del Salón Nacional de Artes Visuales en el Palais de Glace. Recibió una mención honorifica por su obra “Conciencia” en el Premio estímulo Bonifacio del Carril a la escultura (2011), otorgado por la Academia de Bellas Artes.
Hasta el momento, realizó dos exposiciones individuales: la primera “Vacuidades”, curada por Alberto Elía, en el Centro Cultural Recoleta (2013) y, la segunda “En busca del saber no sabido” que se inauguró en Galería Rubbers Internacional en Diciembre del 2014. Su obra “El ojo del espíritu” fue seleccionada para participar en el “Salón Nacional de Artes Visuales 2014” en el Palais de Glace.
Próximamente, presentará una escultura de grandes dimensiones para la Bienal de Arquitectura y Urbanismo organizada por el Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires.


Más información:

www.mariatorcello.com

www.rubbers.com.ar