Para quienes disfrutamos de conocer gente a través de los autos, en las carreras de Fórmula UnoTM el espectáculo también está fuera de la pista. y suele ser por demás entretenido...

Es común que en las tribunas haya gente de todo el mundo, no sólo por el atractivo de ver a los autos sino porque la idea de conocer algún lugar nuevo plantea todo un atractivo panorama de viaje.

La globalidad del calendario anual permite armar un listado de una veintena de ciudades para conocer, suficientes para tener una buena parte de la vida dedicada al turismo, si es que la billetera lo permite. Salvo África, todos los continentes tienen hoy la visita acostumbrada de lo mejor del automovilismo.

Resulta particularmente emocionante llegar a una ciudad y, mucho antes de visitar el circuito, apreciar el clima especial que se vive cuando la máxima las visita. Gente de los más diversos orígenes, las parejas más desparejas, casi todos con algo que identifique a su marca o piloto favorito. Desde ya, el rojo Ferrari es mayoría en todos lados.

A modo de ejemplo, la zona de la Rue Crescent de Montreal tal vez muestre una de las mayores densidades de superautos por metro cuadrado; Lamborghini, Ferrari, porsche, acelerando unos metros, lo suficiente para que un tranquilo caminante deba darse vuelta y sorprenderse a cada paso... Aunque si de glamour se trata no he visto nada más tradicional que Montecarlo: Una interminable caravana de los autos más caros del mundo recorre a diario el propio circuito de carreras, luego de las siete de la tarde. Imprescindible tomar algo en el célebre Café de Paris, con vista al Casino, al Hotel de Paris y a las mujeres más llamativas que la Costa Azul alberga ese fin de semana.

Los días viernes suele haber momentos muy entretenidos, como cuando cada juego de gomas llega al final de su vida útil. Son dos o tres vueltas donde se ve la clásica búsqueda de límites. Hasta el campeón más renombrado puede regalar a toda esa gente una soberbia bloqueada y por qué no una salida de pista, todo parte del morbo que cada espectador lleva en su inconsciente. El humo de gomas producirá primero un breve silencio, como un llamado de atención, y luego se oirá un coro gritando “oooohhhh”...

Los sábados se vive un clima de mayor cantidad de público, algo que se nota desde la llegada al circuito.

Por suerte no he sentido las frías y despobladas gradas de algunos países asiáticos. Más bien todo lo contrario. canadá es helado en invierno, pero junio calienta con sol y mucha pasión el GP de cada temporada. Primero con Gilles y luego con Jacques Vielleneuve como ídolos deportivos, el magnífico parque Jean Drapeau como marco natural y la bella y moderna ciudad de Montreal, aseguran una masiva concurrencia desde los lugares más remotos del mundo.

Párrafo aparte merece el Autódromo José Carlos pace de Interlagos. Además de ser San pablo el destino más cercano para ir desde Argentina, podría decirse que tiene el público más fierrero que me haya tocado sentir. Desde los años setenta siempre hubo un brasileño con posibilidades de ganar y desde esa época también el Gran Premio de Brasil estuvo en el calendario. Entre otras razones, ese clima lo realimenta la idolatría desbordante por Ayrton Senna, en mucha menor medida por Nelson piquet y la más remota pero no menos importante campaña de Emerson Fittipaldi. En la actualidad, la presencia de “los Felipes” Massa y nasr mantiene vivo ese calor popular.

El golazo del sábado es la pole position. Si bien en Mónaco es prácticamente decisiva para la carrera del domingo, en la mayoría de los circuitos no implica algo irreversible. y lo bueno de gritar este gol es que, al no haber tribuna visitante o local como en el fútbol, puede vivirse la situación más insólita, disparatada y hasta vergonzosa que el automovilismo puede brindar.

La suerte quiso que me encontrara en el circuito cuando Nico Rosberg hizo las poles de los Gp ́s de Canadá 2014 y Brasil 2015. no sólo Mercedes no es el equipo más popular, privilegio que Ferrari ostenta de manera indiscutida, sino que Lewis Hamilton tiene muchos más fanáticos que el niño bien de Mónaco nacido en Alemania.

cuando en la pantalla gigante se vio que el Mercedes número seis había sido el más rápido, unos pocos brazos de ruborizados espectadores se alzaron con el puño cerrado. Algo muy parecido a gritar un gol en medio de la tribuna del cuadro contrario...

Los domingos tienen un momento de alta emoción con la drivers parade. Es la única vez que la gran mayoría ve a sus ídolos sin el casco, a cara descubierta y en ropa de civil. La mejor presentación, a mi entender, es sobre autos clásicos convertibles. Algunos campeones o volantes muy populares no pueden dejar de detenerse ante la insistencia de la gente; otros, tal vez esos que hoy llaman pilotos de pago, pasan tan desapercibidos que se entretienen tomándose selfies mientras los pasean con los cabellos al viento.

Sí señores, la Fórmula UnoTM es tan atractiva que gente que no ve automovilismo ni por televisión puede anotarse en un viaje a cualquier destino. toda razón es válida. Los pilotos salen en las revistas del corazón, son la imagen de perfumes, relojes, ropa y naturalmente autos. Son más que corredores; algunos tienen la presencia mediática de un actor de cine o una estrella de rock.

Aunque el espectador de carreras tiene ese retorcido interés por ver accidentes, su humanismo es intachable. En 2014, faltando pocas vueltas para el final del GP de Canadá, dos misiles descontrolados pasaron ante mis ojos de derecha a izquierda. Eran Checo Perez y Felipe Massa. Un silencio angustiante se produjo hasta que llegaron los equipos de salvamento. Cuando minutos después los pilotos se alejaban de sus autos por sus propios medios, un cerrado aplauso celebraba el final feliz de la escena.

Si en el fútbol el alcohol está prohibido, en la F1TM se promociona igual que las bebidas energizantes. Se puede beber hasta que el cuerpo aguante. para sentir algo fresco cuando hay sed, compartiendo con amigos o cuando gana el piloto favorito. Nunca olvidaré a aquella parejita de jóvenes australianos ahogados en cerveza, festejando entre lágrimas justo delante de mí el triunfo de Mark Webber en Mónaco 2012.

A Juan Manuel Fangio se le atribuye la frase “si le sobran unos pesos cómprese un auto; ahí adentro va la vida”. Si tiene unos pesos viaje a un Gran Premio de Fórmula UnoTM. En eso también va la vida...

Acerca del autor

“Federico Estrada es Contador Público, autor de varios artículos y un libro sobre su profesión. Un apasionado por el automovilismo, que viaja a cuanta carrera puede. Fotógrafo en su tiempo libre”.


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