¿Cuál fue la razón qué motivó el origen del Festival de los Siete Lagos?

En 2010, Andrés Badessich y yo nos planteamos dotar a Villa La Angostura de una actividad musical que se conjugase con la belleza extraordinaria de la Naturaleza que nos rodea, y que ambos disfrutamos desde nuestra niñez. Observando experiencias como Vervier y Lucerna (Suiza), Marlboro (Estados Unidos) e incluso Frutillar (Chile), aprovechamos la visita privada de un conjunto de cámara de primer nivel (Ensemble de Granada) para plantearle a las autoridades de VLA la posibilidad de articular esta visita con algunos conciertos que estarían abiertos al público. Andrés Badessich venía promoviendo actividades relacionadas con la música clásica desde hacía ya varios años en VLA, y era un vecino muy apreciado y conocido por su entusiasmo y generosidad. Eso ayudó mucho a que esta nueva propuesta, que quizás sonaba inicialmente como algo “de elite”, tuviera buena acogida tanto entre las autoridades municipales de ese momento como entre los integrantes de la comunidad en general. Así largamos, y sorprendimos (y nos sorprendimos nosotros mismos) con la calidad de los siete conciertos de ese I Festival de los Siete Lagos (2011).

Ante la amplia variedad existente de opciones musicales, ¿por qué eligieron la música clásica?

La región de los Siete Lagos es sin duda uno de los entornos de naturaleza más privilegiados del país. de hecho, ha sido destacado por el mismo New York Times hace poco como uno de los 50 lugares del mundo que uno debería conocer. A medida que crezca el interés por la zona de turismo, deberían crecer también las oportunidades de ofrecer actividades que van más allá de la observación de los paisajes y la naturaleza. Con tiempo libre, las personas aprovechan para explorar intereses. cada año, antes de iniciarse las vacaciones, los periódicos publican la lista de “lecturas del verano”. ¿Por qué no pensar en volver sobre la tradición musical que destacó a esta zona hace muchos años (Alberto Lisy, Camerata Bariloche, Camping Musical Bariloche) y retomarla ahora para un público mucho más amplio y diverso? Una vez más, destinos turísticos comparables han sabido incorporar la música clásica no sólo como una actividad de esparcimiento para quienes visitan la zona por su belleza natural sino que la han convertido en sí misma como un motivo de atracción. Así, no son pocos quienes se acercan a Lucerna o Vervier, o al mismo Frutillar, por la música y que aprovechan para disfrutar a la vez de la Naturaleza que los rodea.

Pienso que ampliar la oferta de actividades para incluir productos culturales de muy buen nivel sirve no solo para atraer al turismo sino que enriquece a la vez a la comunidad misma que desarrolla una sensibilidad especial, y un ojo (u oído) crítico, en el buen sentido de la palabra. Quien desarrolla su sentido estético para descubrir y reconocer lo que es de buena calidad, de buen gusto, lo proyecta a otras esferas de su vida, y eso enriquece a una comunidad.

Habiendo optado por la música clásica, ¿por qué la música de cámara?

Sobre este punto también Badessich y yo reflexionamos bastante. En primer lugar, nos pareció que para que esta iniciativa perdurase en el tiempo, era fundamental “arraigarla” en la comunidad. Si nos limitábamos a elaborar un producto para los turistas, podíamos terminar organizando conjuntos musicales como aquellos que acompañan a quienes contratan un crucero de lujo, y tocan durante la cena. De allí que a los músicos que vienen a participar del Festival de los Siete Lagos, por destacados que sean, les requerimos disponibilidad para dedicarse a la vez a la dimensión “educativa” del proyecto, es decir a la parte docente con niños y jóvenes instrumentistas de la región que han demostrado constancia en el aprendizaje de algún instrumento y son seleccionados por la A7L para participar como becarios en dos semanas de intenso entrenamiento musical. El éxito de esta iniciativa, que lleva ya 6 festivales y temporadas de entrenamiento musical para jóvenes realizados, y ha fundado este año una orquesta de cámara juvenil (Camerata Siete Lagos) que esperamos promover a nivel nacional, radica en dos pilares: el compromiso sin excepción con la calidad de los músicos que participan en los Festivales y de la programación y la vocación altruista año tras año de acercar maestros de primer nivel a la música niños y jóvenes instrumentistas de la región, en un ámbito de convivencia casi familiar, a quienes de otra manera sólo podrían acceder a ellos por registros electrónicos.

Ahora bien, esta dimensión educativa maximiza su impacto, a nuestro juicio, porque gira en torno a la música de cámara, que es una actividad que los niños y jóvenes instrumentistas de la región que participan en los cursos que organiza la A7L pueden continuar por su cuenta a lo largo del resto del año. A diferencia de la música sinfónica, que requiere de muchos recursos humanos y de instrumentos que lamentablemente no están a disposición en nuestra zona, la música de cámara es más modesta en ese sentido. como su mismo nombre lo indica, se puede hacer “en la cámara”, el dormitorio mismo, típicamente con unos pocos instrumentos de cuerda y algunos vientos. Así, con un presupuesto razonable, se movilizan excelentes recursos musicales que pueden deleitar al público con excelentes conciertos en instalaciones existentes. de hecho, por primera vez este año, uno de los hoteles de la zona nos invitó a llevar a cabo una actividad en el atardecer, sobre el lago, que fue posible, y perfectamente adaptada a las circunstancias, porque se trataba de música de cámara.

Ya con 6 Festivales realizados exitosamente, ¿Cómo te imaginas el futuro de esta iniciativa?

Hace tres o cuatro años, una periodista de Clarín dedicada a temas musicales, que observó y quedó sorprendida por la calidad de la iniciativa en sus dos dimensiones – Festivales y Formación de Jóvenes – me preguntó si imaginaba a VLA convertirse en “el Tanglewood” argentino [Tanglewood es la residencia de verano del Boston Symphony Orchestra, que convoca actividad musical a lo largo de todo el verano en la zona de Nueva Inglaterra (USA)]. En ese momento, me causó gracia la comparación. Aún volaban la cenizas con las que el volcán Puyehue nos cubrió a mediados del 2011, a pesar de las cuales hicimos nuestro II Festival (2012) para lo cual entramos a los músicos vía Chile por no contar con el aeropuerto local, y no podía imaginar el crecimiento que hemos experimentado en estos últimos años. Hoy observo que el Festival de los Siete Lagos se ha transformado en parte de la agenda de cada verano de VLA. Lo esperan tanto los turistas “repitentes” como muchos “pobladores” que se han radicado en VLA en años recientes y disfrutan de esta oferta cultural. Este año, por primera vez, organizamos un concierto en la catedral de Bariloche, que se llenó con aproximadamente 600 asistentes. También, tuvimos un primer evento en un hotel de vLA, que quiso incorporar una actividad musical a las actividades que ofrece a sus huéspedes. Como dice nuestro logo, estamos “dando formas al silencio” de la naturaleza privilegiada que nos rodea, y esas formas se van adaptando a las expectativas de la comunidad que las recibe y demanda en nuevas modalidades. VLA puede reclamar el privilegio de ofrecer un excelente festival de música de cámara, con la participación de destacadísimos intérpretes extranjeros. y a partir de ese producto ciertamente único en la Patagonia Argentina, y de su dimensión educativa y de formación, confío en que se irán ampliando las oportunidades para transformar a VLA en un destino deseado también por las oportunidades que ofrece quienes disfrutan de la buena música.


Más información:

www.filarmonica7lagos.com