Sin lugar a dudas el personaje central de la historia del Hotel Correntoso, y en gran media de todo el desarrollo de la región de San Carlos de Bariloche, fue el inmigrante italiano Primo Modesto Capraro. nacido en 1875, arriba a la Argentina con el objetivo de establecerse en tierras con “todo por hacer”. Así es que llega a la zona del lago nahuel Huapi junto a su mujer rosa Maier y comienza toda esta historia.
Emprendedor nato y poseedor de un espíritu inquebrantable se establece como constructor y comienza a generar distintos emprendimientos como un aserradero y una modesta hostería conocida popularmente como “La pensión de Doña rosa”, atendida por rosa Maier, que contaba con tres habitaciones y un baño. El lugar se hizo paso obligado de aquellos que llegaban de Chile por el que hoy es el Paso Cardenal Samoré.
El negocio prosperó y en 1920 Capraro decide ampliar la pensión y convertirlo en el “Hotel Correntoso”, ya con cinco habitaciones, dos baños, un estar comedor para 30 personas con una espectacular vista a la desembocadura del río Correntoso. Los turistas no se hacen esperar y en 1924 llega el primer contingente de Buenos Aires. Es interesante destacar el viaje que hacían los turistas, que requería de siete transbordos de ferrocarril, balsa y automóvil hasta llegar al paraje “Correntoso”.
Primo Capraro hizo también numerosos emprendimientos en la zona como la oficina radio-telegráfica, una concesionaria Ford, estación de servicio, la primer usina eléctrica, y otros tantos a medida que crecía y necesitaban los servicios.
En 1927 el hotel tenía un piano de cola, algo poco común en la zona en esa época. Este piano tuvo un accidentado arribo con un bautismo en el lago Nahuel Huapi al momento de bajarlo a tierra, luego de secarlo y reparado siguió funcionando correctamente.
En 1929 amplió el hotel a 20 habitaciones con detalles de mucha calidad y terminaciones en madera que le daban la jerarquía que Capraro soñaba. Dentro de las actividades a los huéspedes el hotel ofrecía viajes en barco y excursiones y paseos por toda la zona.
Uno de los buques que tenía el Correntoso era el Cóndor, la embarcación había sido traído desarmada desde Chile y vuelta a armar en Puerto Blest.
En la zona no había ningún tipo de emprendimiento hotelero de magnitud debido a que tanto el Llao Llao de San Carlos de Bariloche y el Hotel Puyeue de Chile no habían sido construidos aún.
La gastronomía siempre fué destacada en el Hotel Correntoso, se ofrecían una gran variedad de platos con muy buen nivel de calidad, pues el tiempo mínimo que se quedaban los turistas era de 20 a 30 días.
Desde 1926 hasta 1935, Capraro deja la atención del hotel a la familia de Germán Meier, quien trabajaba en el emprendimiento hotelero.
En 1932 debido a la situación económica mundial y problemas en el país, que afectaban seriamente las finanzas de Primo Capraro, este decide quitarse la vida en San Carlos de Bariloche. Luego de tan lamentable suceso su hijo Francisco Capraro se hace cargo del hotel junto a su esposa Emma Aguad. Doña Emma, como era conocida, es la que transformaría la personalidad del hotel. Ella se ocupaba de la parte operativa del hotel mientras que Francisco atendía la parte social y las excursiones y ricardo se ocupaba de los traslados y el transporte.
En 1936 se realizó una importante remodelación al reemplazar totalmente el edificio de madera por uno de material, y además se creó una usina eléctrica.
En 1948 nuevamente se amplía el hotel a una capacidad de 80 pasajeros. Se destacó el hecho de contar con baños privados y calefacción central. Para darse una idea de la época, en ese momento Villa La Angostura tenía recién 16 años de vida.
Una de las novedades que ocurrieron fue que el hotel contaba en ese momento con un taxi aéreo que cubría el viaje de Bariloche al Correntoso, aunque el servicio dejó de funcionar en el año 1951.
La pesca era, y es hoy en día, una de las actividades más buscada por turistas ya que las piezas que se capturaban eran realmente sorprendentes. En 1968 se capturó la trucha de 11 kilos que logró romper el récord mundial, récord que hoy continúa vigente.
La cocina siempre fue una de las cosas más sobresalientes, el hotel contó con afamados chefs del Plaza Hotel de los años ‘40, del hotel ritz de París y otras encumbradas gastronomías del mundo que trabajaron con tesón y beneplácito bajo las órdenes dedoña Emma, acreedora del ‘Cordón Blue’ de las publicaciones especializadas del ‘Buon Mangiare’.
En 1978 comienza una época de decaimiento ya que se vende el hotel al Banco de Intercambio regional, y comienza a funcionar un casino que fue cerrado a los pocos meses.
Cerca del año 2000 Alejandro Laurence compra el hotel y comienza una profunda remodelación. Su objetivo era recuperar el espíritu con que los hombres y mujeres emprendieron el proyecto por primera vez. A lo largo de la obra, desafiando problemas y escollos típicos de una construcción antigua, dos premisas fueron muy claras y estuvieron siempre presentes; cuidar el medio ambiente que rodea el hotel, integrando su volumen en la montaña para acompañar la nueva corriente ambientalista, además de resguardar su inconfundible carácter y valor histórico. El desafío fue respetado a rajatabla.
Con igual tesón, se fueron rescatando fotos e imágenes de aquellos días; fotos, escritos, libros y elementos que dieron vida otra vez a este mítico establecimiento.
El Hotel Correntoso fue, es, y seguirás siendo mucho más que un hotel, es la historia misma de la región del nahuel Huapi, que felizmente está más viva que nunca.
Nota: Gran parte de los textos e información de esta nota fue extraída del libro “Apuntes del Correntoso” escrito por Yayo de Mendieta.


Más información:

www.correntoso.com