Mi obra surge de mis vivencias en Mechita, mi pueblo, y de la naturaleza despojada, desértica, de la pampa. “Pampa” es una voz quichua que significa espacio sin límites. Ese vacío, esa cosa metafísica muy clave en mi obra, me marcó siempre. recuerdo que cuando era pibe iba con la caña de pescar al río, con ese horizonte increíble y de pronto aparecía el arcoíris; o dormir tirado en el pasto mirando las estrellas. Ese paisaje apareció en mi obra casi sin darme cuenta y también la inmensidad y misterio del universo. Uno se siente muy pequeño. El punto de partida es el paisaje. En realidad, utilizo el paisaje como trampolín para hablar de otras cosas: mis infiernos, mis demonios, mis dioses internos. Aunque soy agnóstico. Cuando mi padre vino de Italia a los 19 años no se preocupaba por la religión sino cómo sobrevivir después de la tristeza de no poder ver nunca más a su familia. Me inquietó estudiar las distintas cosmogonías y religiones comparadas, saber en qué se basan. Es muy misteriosa esa desesperación del ser humano por crear sentidos de algo que, en definitiva, es muy complejo. Me considero fanático del Sturm und Drang (tempestad y pasión) alemán que es el origen del romanticismo en la literatura, plástica, etcétera. Friedrich es el gran artista de lo sublime. Y lo sublime incluye muchas cosas que no tienen respuestas. Tiene que ver con siniestro, con lo que no se puede definir: ¿qué es el amor?, ¿qué es la belleza?, ¿qué es dios?, ¿qué es la vida?, ¿qué es la muerte? Jean Braudillard, un escritor francés, decía que la gran pregunta es “¿cuál es el sentido de que exista algo?” Es muy loco eso. ¿Por qué la muerte es el origen de todas las religiones? Hay que inventar algo porque sino es desesperante. Cuando muere un ser querido es desesperante pensar que ya no está. Pero también es misterioso el tema de qué es la vida. Todas esas cuestiones están en mi obra. Son las grandes preguntas del hombre, preguntas sin respuestas.

¿Crees que tu obra necesita un tiempo de contemplación?
Para las camadas más jóvenes que se han criado con la computación o el video es difícil quedarse frente a una obra estática como una pintura. En las bienales me impresiona cuando veo instalaciones o videos porque son muy fuertes en dinámica y movimiento. Hoy los jóvenes no se bancarían una película de Tarkovski (de quien Ingmar Bergman dijo que fue el más grande director de cine del siglo XX), la verían muy quieta, muy estática. O una película de Béla Tarr como El caballo de Turín sin diálogos, sólo el sonido del viento. Las personas durarían siete minutos en el cine, se levantan y se van. no están acostumbrados a un cine más exigente. En el cine de Tarkovski es tan importante el guión como una botella de leche que cae, derrama el líquido y la cámara enfoca un perro que la lame. Te hace ver detalles, te conecta con las pequeñas cosas. En la vida las pequeñas cosas son las que te abren las puertas más grandes.

¿Alguna vez te dijeron algo insólito sobre tu obra?
En la segunda retrospectiva que realicé (“Segundo resumen 1987/1997”, Palais de Glace, año 1998), recuerdo que estaba en la muestra conversando con un grupo de personas y se acerca una mujer, me dice: “Usted hace todo mal”. Le pregunto “¿por qué?” y me responde “porque a los cielos los cierra como cúpulas y a las catedrales las abre”. Era insólito pero tenía razón.
En ese momento, estaba trabajando con el Panteón de roma. Me impactó mucho su arquitectura porque en el medio está el óculo donde entra la realidad. Ahí esta lo inalcanzable. Lo otro es una construcción humana, como muchísimas cosas que damos por realidades y son ficciones que el hombre ha creado. nietzsche decía que la verdad no es una planta de esta tierra. El hombre tuvo que forjar verdades porque te ayudan a sacarte del drama de que todo es inasible en la vida.

¿Cómo es tu relación con la filosofía?
La filosofía me interesó siempre. La religión te dice que al comienzo era la nada y el filósofo pregunta ¿qué había antes de la nada? Siempre el filósofo tiene una pregunta sobre las preguntas.
Hay un programa en Canal (á) que se llama Conceptos, conducido por Juan Chiesa, que comienza con una pregunta “¿aprendemos cuando miramos o sólo vemos aquello que conocemos previamente?”. Es eso. Cuando se tiene un concepto previo se puede mirar la obra de rothko, por ejemplo. Me ha pasado con alumnos que me dicen: “esto es cualquier cosa”, “son tres planos de color”. Pero si tienes un concepto previo de quién era Mark rothko vas a tener un mirada mejor de su obra.
Una vez que fuimos con mis hijos, ambos músicos, a ver un festival de Martha Argerich. El teatro estaba lleno, la mitad de la gente era muy elegante y la otra mitad jóvenes. Toca Martha Argerich como siempre maravillosa. Cuando termina cambian el piano, lo ajustan y aparece Egberto Gismonti, un músico enorme brasilero que fusiona jazz, música clásica y música popular brasileña. Empieza a tocar y la mitad de la gente bien vestida se va porque no tenía las herramientas para entender que era una maravilla lo que estaba haciendo ese hombre. Como miran con los preconceptos que tienen no son capaces de meterse a descubrir.

Ahora en el arte nadie es solamente pintor o dibujante, los artistas se vuelcan a trabajar con varios formatos. ¿Podrías contar tu experiencia?
Estudié en la escuela Prilidiano Pueyrredón que era Escuela nacional de Bellas Artes. Después se llamó Escuela de Artes Plásticas y hoy Escuela de Artes Visuales. O sea, el artista es un artista visual y usa las herramientas que necesita. Cuando necesito plasmar un panteón, una ficción, la pintura me viene fantástico pero cuando necesito registrar las tumbas de mis padres quiero que sea una fotografía, un hecho fetiche real. O cuando la gente de mi pueblo participa quiero que sea foto-performance, porque son grandes acciones cinematográficas. no es casual que sea un fanático del cine de autor. En esos casos me siento actuando como un director de cine. Cuando hago una instalación y quiero traer el hecho concreto, ahí necesito la arcilla o la paja o la tierra real puesta en el espacio. También hice video cuando necesité un medio especifico para transmitir algo. Es muy positivo. De hecho, la mayoría de los artistas que admiro pueden variar de formatos.

En esta etapa de la vida, ¿pensás que creaste el universo Juan Doffo? ¿O ese universo se va transformando con el tiempo? no es fijo. El movimiento es lo constante en la vida. Todas las influencias que tuve desde el comienzo, influencias muy grandes como Xul Solar, Paul klee y la metafísica italiana a través de De Chirico y Giorgio Morandi fueron muy claras. Por ejemplo, Giorgio Morandi trabajaba con botellas y para mí era como el paisaje de la pampa, horizontal. Después descubrí a Tarkovski y su cine me impresionó mucho así como en la literatura Borges, Camus y Pessoa. Eso fue transformándose y me di cuenta que uno es la unión de muchos pedacitos, hasta de contradicciones. Por eso, pienso que no tiene sentido cuando un artista o un alumno me cuentan que en Bellas Artes les dijeron que tenían que elegir entre ser abstracto o figurativo. En todas las artes hay fusión. Llegás a la imagen sin darte cuenta. También es cierto que hay artistas con 80 años que no han llegado a una imagen propia. Es bastante misterioso. no se puede buscar la imagen propia como no podes buscar el amor de tu vida. Llega o no llega.

La luz en tu obra, ¿tiene que ver con una búsqueda espiritual?
Seguro que sí. Cuando era adolescente tenía una crisis rara porque me preguntaba qué es la fe, la religión. Vine de mi pueblo a la ciudad leyendo un libro de Unamuno llamado La agonía del cristianismo. Agonía no solo en el sentido de dolor, sino de lucha. El escritor cuestionaba ciertas verdades. Luego empecé a leer sobre religiones comparadas. Tuve una vinculación con la teosofía, una doctrina difundida por rudolf Steiner y Madame Blavatsky, que es una forma de sintetizar distintas creencias. Conocí cómo las creencias se van uniendo. Sin darme cuenta me preocupé no por la religión sino por el sentido de esa cosa lumínica llamada espiritualidad; qué respuestas me da la vida a esas preguntas tan profundas que son las siniestras. En ese sentido soy espiritual y busco la luz.
Mi obra se maneja todo el tiempo entre luz y sombra. En la muestra resumen Uno que realicé en 1986 en la Fundación Jorge Helf una mujer me dijo que le gustaba mi obra pero que a veces le daba miedo. Hay una cosa muy terrible entre lo oscuro y la luz. Y así es la vida. Yo mismo soy un tipo muy cálido y, a veces, bastante trágico. Así como tengo una cosa física muy fuerte tengo una cosa muy sutil y tierna. De hecho, trabajo obras enormes como El árbol del olvido (estuvo en la muestra del Centro Cultura recoleta en la sala Cronopios) que fue pintada con escobas de paja con pinceladas grandes y las casas del pueblo las termino de pintar con un pincel chiquitito. Puedo ser muy sutil y muy apasionado. Yuyo noé, nuestro querido Yuyo, tiene una anécdota que me encantó. Una vez una alumna le dijo: “Maestro noé. A veces siento que tengo como dos personas dentro mío” y Yuyo le respondió: “no te calientes, yo tengo un colectivo lleno de gente.”

¿En qué estas trabajando?
Fue un año muy intenso de compromisos pero la pintura siempre es lo más importante. Sigo trabajando en la geometría que es un aspecto que tengo desde muy joven pero que lo enfaticé en la última muestra en Galeria rubbers. En las obras nuevas está presente el tema de la verticalidad, jugué mucho con líneas que van obstruyendo la mirada; imágenes muy concretas de mi pueblo pero veladas con una especie de red de líneas.
A la vez, concreté y finalicé un libro con la Fundación Tres Pinos. Fue un trabajo muy extenso porque no es un libro clásico sino que está compuesto por fragmentos que tienen que ver con mi pensamiento, mi filosofía, mis historias de vida, de amor y de muerte. Massimo Scaringella, curador italiano, escribió una introducción y José Luis Puricelli una crítica que surgió de varias conversaciones.
El libro tiene que ver con etapas cronológicas que son la unión de los pedacitos que soy. Abarca mi infancia, mis vivencias, mis pensamientos e influencias. Cuando en el año 2000 el Museo de Bellas Artes de Tucumán me pidió que escribiera cuales fueron las influencias en mis diferentes etapas descubrí que había casi doscientas. no sólo tenían que ver con la plástica sino también con el cine, la literatura y la filosofía. Por eso, siempre hago una diferencia entre el arte de autor y arte industrial. En el arte industrial el artista crea en función de seducir al espectador, en cambio el arte de autor incorpora al artista, se pueden leer los pedacitos de autenticidad que componen su vida. En el libro hay una frase muy linda, dice: “el arte comercial seduce, el arte de autor inspira y acompaña”. El oficio es lo de menos. Lo importante del arte es que te inspire, te haga pensar. 

JUAN DOFFO

Juan Doffo (1948) nació en Mechita, provincia de Buenos Aires. Durante su infancia, conoció a los grandes maestros de la pintura universal por la Pinacoteca de los Genios. Se mudó a Buenos Aires a los 18 años para estudiar en la Escuela nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.
En 1979 realizó su primer muestra individual en la Galería Witcomb y en 1980 obtuvo el Premio Beca Banco del Acuerdo para vivir un año en Europa. regresó a Argentina en 1982. Su obra se hizo más abstracta y el paisaje más acromático, sintético y matérico. Expuso en la Galería Jacques Martínez y en 1984 en la Galería “Del Retiro” de Julia Lublin. Su producción se inserta en la problemática de los años ’80 y a un regreso de la pintura sin perder la herencia del arte conceptual. En 1986 realiza su primer muestra antológica “Juan Doffo: resumen 1974/1986” en la Fundación San Telmo. La fotografía fue encontrando su lugar como medio expresivo en su obra y así, en el año 2003 presenta en el Centro Cultural recoleta una exposición de fotoperformances realizada con la gente de su pueblo.
En 2007 realiza una muestra de pinturas de gran formato en Galería rubbers y, desde ese entonces, continúa exponiendo allí.
Entre las distinciones que recibió se encuentran la Primera Mención del Premio “Bracque” de 1978, el Primer Premio del Salón Municipal de 1986, el Segundo Premio del Salón nacional de 1988, el Primer Premio del Salón nacional de Pintura, el Gran Premio Fundación María Calderón de la Barca del año 2008 y en 2010 el Gran Premio Adquisición del Salón nacional de Pintura. En el 2015 fue declarado “Personalidad destacada de la Cultura” por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.


Más información:

www.rubbers.com.ar