Siendo autodidacta y sin recibir motivación por parte de su familia, ¿cuál fue la razón de su interés temprano por el arte?
Es cierto, no recibí ninguna motivación. Todo lo contrario. Más bien era mis enemigos. Se oponían totalmente a que fuera pintor porque ellos eran comerciantes, pequeños comerciantes de barrio. Mi padre vendía por la calle, era cuenternik, los vendedores ambulantes judíos que iban con un ato, toallas y sábanas al hombro. Después puso una tiendita y toda la vida fue un tendero. Querían que siguiera la tradición familiar como mis otros hermanos que sí la siguieron, salvo uno que es psicoanalista. A los 13 años ya me planté. No es que dije que quería ser pintor, no sabía lo que era la pintura porque no tenía relación con ningún ámbito de la cultura ni de la pintura ni de la literatura ni de nada. No sé cual fue la razón. En la escuela primaria, ya en los últimos años, me destacaba como el que dibujaba bien de la clase, nada más que eso. Salí de la escuela primaria, tardíamente porque no era buen alumno e incluso repetía grados, y comencé a dibujar en talleres libres (de modelo vivo y yeso) en MEBA (Mutual de Estudiantes de bellas Artes). No fui a ninguna escuela oficial, la Belgrano o la Pueyrredón. Seguí mi búsqueda personal.

¿Cuál fue su primer acercamiento al movimiento surrealista?
El primer acercamiento al surrealismo fue la relación de amistad que entablé con Juan Andralis, una persona muy querida por mí. Tenía un par de años más que yo y nos hicimos muy amigos. Era un gran lector, un gran intelectual, un tipo realmente maravilloso. Él me introdujo en el surrealismo y fue mostrándome pinturas, libros y literatura. Me dio por primera vez un libro que para mí es fundamental en mi historia de la lectura surrealista: Los cantos de Maldodor del Conde de Lautréamont, entre otros libros. Así me introduje en el surrealismo. Además, Juan Andralis trabajó un tiempo con Batlle Planas, que era el único surrealista en Argentina. No había otro. Había algunos antecedentes de surrealismo pero de un surrealismo muy elemental con el grupo orión a principios de los ‘40. Batlle Planas ya existía pero no exponía todavía. Comenzó a exponer sus “Radiografías paranoicas” recién a fines del cuarenta y después siguió pintando con un tinte surrealista. Pero se diferenciaba claramente de la pintura de ese momento, de los pintores sobre todo figurativos. Por esa época me vinculé con varios alumnos de Batlle Planas, de los cuáles algunos viven, Julio Silva radicado en París, Jorge Kleiman, Inés Blumencweig, Roberto Aizenberg y Guillermo Berrier. Hacía 1954 me propusieron hacer una muestra en una pequeña galería que se llamaba Wilensky y decidí invitarlos a exponer conmigo e hicimos la muestra donde expusimos los seis pintores.
En el año 1957 fundé el grupo “Siete pintores abstractos”, junto a Rómulo Macció, Clorindo Testa, Josefina Miguens (Robirosa), Kasuya Sakai, Marta Peluffo y Osvaldo Borda. En esa época, estaba en contacto con Aldo Pellegrini que era el crítico y teórico que más conocía sobre surrealismo en América Latina, y me asesoró, a partir de una lista que hice, en la elección de otros pintores para armar una exposición. Quedamos siete y comenzamos a exhibir. La primera exposición fue en la Galería Pizarro, después hicimos una muestra en un museo y por último en Montevideo. Duró lo que es la vida útil de los grupos artísticos: dos a tres años, más o menos. Después cada uno siguió su camino.

¿Cree que hay una liberación del espíritu a partir de la técnica del automatismo?
Hay una liberación del inconsciente y del espíritu del inconsciente, de lo más profundo del ser humano. Trabajar sin ideas preconcebidas, sin ideas previas, sin esquemas anteriores, permite una libertad realmente inmensa. y yo soy fiel desde esa época hasta ahora. Nunca dejé de ser pintor automático, pintor surrealista, me considero surrealista. Dibujo y pinto sin ideas, absolutamente. Frente a la tela o el papel en blanco, no tengo ideas ni quiero tenerlas. Las imágenes surgen, van viniendo.

¿Piensa que el surrealismo le permitió un sistema de conocimiento de su obra?
No sé que es el conocimiento de mi obra. Lo que si me permitió fue variar mucho, porque hay muchos períodos en mí. Pero todo depende del automatismo que me permite una gran variante en las modalidades, en las formas. De pronto fui más abstracto, de pronto más figurativo, de pronto tuve una época de desnudos femeninos, que es más o menos reciente, tuve una época que llamé de signos. Sin embargo, todo se puede definir como surrealista.
Soy surrealista de toda la vida, desde hace 70 años. Todo el conocimiento de mundo y todas mis lecturas van en dirección hacia lo que representa el surrealismo. Mis lecturas siempre fueron de los poetas surrealistas aunque no me limité a eso. El centro era siempre la tónica, la variante surrealista.

¿Con cuál artista surrealista se siente identificado?
Por un momento, uno de mis grandes maestros fue Max Ernst. Pero, curiosamente, Picasso a pesar de no ser un surrealista completo, no es un surrealista pero tiene momentos surrealistas, me inspira mucho pero mi obra no tiene nada que ver con lo de Picasso ni con la de Max Ernst tampoco.

En su largo recorrido por el arte, ¿cómo fue el cambio hacia las modalidades artísticas como el informalismo, la geometría o la abstracción? Con la aparición del informalismo por medio de los artistas españoles, sobre todo con Tapié, comenzaron a llegar muestras de algunos pintores informalistas. y se creó como una eclosión del automatismo y todo el mundo de pronto era pintor informal. Gente de que no tenía idea que era la pintura, tiraba pintura en el suelo y le pasaba una bicicleta o lo pateaba o lo rompía, o pegaba trapos, en fin. Se formó un gran movimiento informal en Argentina que fue, más o menos, a partir del año 1960. Por mi parte, también tuve una influencia muy circunstancial, muy corta del informalismo y pinté algunas cosas vinculadas con lo informal. Pero después abandoné eso y seguí mi camino.

¿Cómo influyen las otras artes, la música o la poesía, en la creación de sus imágenes?
De alguna manera me siento hermanado con la poesía creativa de tinte surrealista. y otra cosa es la música. Desde muy joven me dediqué a la música, me especialicé mucho. He cantado en coros durante cuarenta años, era el bajo en la voz. Elegía siempre los coros donde cantaban música previa a Bach, música del Renacimiento, sobre todo la música vocal del Renacimiento. Reuní una gran discoteca de vinilos y formé una gran colección de discos vinculados con el Renacimiento francés, español, inglés, la música isabelina, la música italiana, alemana. Creó que sé más de esa clase de música que de pintura. Es una de mis pasiones.
Para mí el gran creador de todas las épocas en la música es Bach. Eso es la cúspide. Siempre digo algo que no podría explicar, lo digo sin saber que contenido puede tener y casi diría que es absurdo, diría que Bach me enseñó a pintar.

¿Qué importancia le da a la línea en sus obras?
Es fundamental. La línea es lo que construye el mundo. El dibujo, la parte lineal es para mí muy importante. Ahora, por ejemplo, aparece mucho el arabesco. En todas las nuevas obras hay partes de arabescos, que pueden ser arábigos. Tiene mucho que ver con los arabescos que mi madre hacía en los bordados con hilos en oro o las lanas con las cuales hizo pequeños tapices en su vejez. verás, desciendo de árabes, sefaradíes.
Sin embargo, no hay memoria. La memoria puede ser inconsciente pero no como método de trabajo. Aludo a la memoria o recuerdo algo y trato de concretar dentro de la pintura o del dibujo pero no sé de qué manera ni de dónde viene eso. De pronto recuerdo cosas que mi madre hacía y creo que hay un parentesco entre la memoria inconsciente de los melismas (palabra de la música que aplico a la pintura) que es el movimiento de la materia y que en la música es el movimiento de las notas. Los melismas son cuando hay mucho movimiento en los acordes, en las notas y en la combinación de instrumentos. En la pintura, diría que hay muchos melismas.

¿Se puede seguir innovando a través del tiempo?
Si, no tiene fin. Es como crear en la poesía, en la literatura o en la música. De pronto, uno piensa: ¿y después de esto qué? Crees que ya no hay mas posibilidad de creatividad. Pero la creatividad es infinita.

VICTOR CHAB

Nació en buenos Aires en 1930. De formación autodidacta, ganó con tan sólo 17 años el Segundo Premio del XXVI Salón Anual de MEEBA cuyo jurado estaba integrado por Antonio Berni y Miguel Carlos Victorica. “Fue una de las obras que más trabajé. Durante un mes estuve pintando esa naturaleza muerta. La manzana se pudría y la cambiaba. La manzana era manzana universal, la suma de todas las manzanas.” En los años 1956 y 1964 representó a la Argentina en la Bienal de Venecia.
Adherido al movimiento surrealista, adopta la técnica del automatismo que le permite la libre asociación de ideas. Su búsqueda visual transita diferentes etapas que abarcan el informalismo, la geometría sígnica, la abstracción libre, la pintura con componentes zoomórficos y el collage y dibujo como elementos primordiales en la combinación entre expresión y representación.
Con setenta años de trayectoria, ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas en el país y en el extranjero. Sus obras forman parte de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, del MAMBA y de otros museos de Latino América y del mundo.


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www.victorchab.com.ar