Jesús Marcos es un diestro. Maneja con holgura los procedimientos más tradicionales del arte pictórico que lo conducen desde el óleo a las técnicas mixtas, siempre sustentado por un impecable dibujo. Si bien su arte es notablemente figurativo, la importante dosis de realismo que contiene, está puesta al servicio de imágenes truncadas, que no por insólitas resultan caprichosas.

A Marcos le interesa jugar con el tema de las perspectivas múltiples y de los planos truncos, En última instancia lo que aquí acontece es un juego entre la realidad y lo imaginario, una suerte de ilusión óptica a la que nos prestamos gustosos ya que el artista logra hacernos cómplices de la revelación de su intimidad.

¿Cuál es el límite sutil que separa lo real de lo soñado? En esta ambigüedad, Marcos nos hace creer que las pistas de lo cotidiano son menos soñadas que las del resto de sus composiciones, pero lo cierto es que todo pertenece al plano de lo estético, esto es, de lo trascendente. Se trata de algo así como la obra teatral que introduce Shakespeare dentro de su Hamlet. Ello da aún mayor credibilidad a los personajes del drama, los hace por así decirlo, más corpóreos, pero en verdad todos son el producto de la ficción.

Jesús Marcos también plasma cuadros dentro de sus cuadros, tan solo que no lo hace como algunos posmodernistas para establecer la simultaneidad de los estilos sino que sin introducir fragmentos de imágenes de pinturas archiconocidas. El se cita a si mismo, confiado a la viabilidad de sus propias visiones; Aunque español, Marcos ha vivido los más de sus años en Nuestra América. Conoce bien México y la Argentina, donde reside. Creo que parte de su ambigüedad está dictada por esta doble pertenencia. Creo que el empleo de los colores y de la luz y en sus consecuencias atmosféricas Jesús Marcos está estrechamente emparentado con la creatividad de nuestro continente, pero en sus intuiciones espaciales se me revela como netamente europeo. Se trata de espacios limitados como quería Cezanne, espacios más humanos, menos cósmicos que los que proponen pampa y cordillera. No es la suya, empero un alma escindida, esquizofrénica, todo lo contrario, el suyo es un triunfo de la integración, de enriquecimiento, de incorporaciones. Y ello es así porque como todo auténtico creador Jesús Marcos es dueño del núcleo central de una fuerte personalidad, capaz de incorporar, sin desnaturalizarse.

Siempre pensé que era un artista de excepción. Cada año que pasa es una confirmación de aquella, mi primera impresión.

Rafael Squirru

Fundador y primer director del Museo de Arte Moderno de Bs.As.
Prólogo para exposición en Galería Luisa Torres, Valencia, España 1992

 

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Jesús Marcos ha realizado, hasta la fecha, una vasta producción, tanto en cantidad de obras, cuanto en diversidad de problemáticas abordadas.

Desde sus comienzos en los años '60, donde la fragmentación se filtra en su particular universo figurativo -no exento éste de resonancias orientadas hacia la construcción cubista, por un lado, y la vitalidad expresionista, por el otro-, hasta las obras más recientes, Marcos ha explorado y experimentado dentro de su interioridad para configurar una imagen posible de su propia visión del mundo. En esa travesía ha pasado por las contaminaciones pop asumidas en su estadía en Nueva York, el interés por el surrealismo que lo aproxima también a la poesía, la introspección reflexiva y crítica de los años '70 y la celebración de la pintura en los '80 y '90.

Observando su postura frente al arte, podemos advertir que nunca se ha planteado el ejercicio de la práctica artística como una carrera de superación de obstáculos, sino como un modo de comprender y expresar el mundo. Este propósito lo alcanza mediante unos pocos, pero profundos interrogantes, o tal vez uno que los contiene a todos: la incertidumbre del hombre frente a un mundo inasible, complejo, multiforme y fascinante. Incluso también podría afirmarse que el desarrollo de su obra no transita una dirección que apunta hacia adelante, sino que practica obstinados retornos sobre sí mismo. De esta suerte, no resulta desacertado pensar que una constante barroca y vitalista merodea por entre sus trabajos, ya sean éstos recientes o lejanos. Resultado también de esa actitud es su interés por el fragmento, que le permite demorarse lo necesario como para pensar y repensar si el tiempo que nos toca vivir puede entenderse en su dispersión o en su integridad. Con esta postura rehúye la idea de un mundo totalizador, poco operativa en nuestra contemporaneidad dado que este paradigma ya hace tiempo viene siendo cuestionado. El uso del fragmento, como estrategia de representación, deja de ser un mero recurso de efecto plástico para asumir una semántica vinculada con el desmoronamiento del paradigma universalista y de las significaciones absolutas.

Con la pintura, el grabado, la cerámica o la escultura, Jesús Marcos procura recomponer el mapa de la realidad, o, más bien, presentar en su complejidad el mundo que nos rodea. De este modo, nos propone un mundo donde la realidad pareciera surgir, evocada mediante juegos de relaciones plásticas. Sin embargo, a poco que interroguemos las imágenes con algo de suspicacia, podremos sospechar que, detrás de ellas, el artista pone en evidencia el complejo proceso que el pensamiento activa en el fenómeno de aprehensión de la realidad.

Por lo general, y no obstante esta valoración de lo perceptual y del juego esencialmente plástico, sus collages, pinturas y objetos escultóricos, se presentan como visualización de un pensamiento que sospecha ámbitos ocultos tras la apariencia de la realidad. Ese proceso reflexivo procura conciliar la aparente dialéctica entre lo "real cotidiano" y lo real subyacente a éste.

Asimismo, creemos oportuno destacar que Marcos es de esos artistas que saben interpelar al espectador recurriendo a representaciones donde el reconocimiento de la imagen está velado por una compleja trama de relaciones entre las formas. De esta manera sugiere una mirada atenta que propone al espectador un espacio de múltiples sentidos interpretativos.

Por su parte, el vínculo que establece con el universo de lo poético enriquece esta búsqueda de ruptura con el orden lógico. Con ello, Marcos se inscribe en una de las expresiones más inequívocas del arte contemporáneo: la del mestizaje entre géneros artísticos; así, las artes plásticas y la poesía comparten territorios comunes, siendo lábil su frontera. El interés del arte actual por la poesía alumbra una experiencia estética capaz de crear fértiles imaginarios de lo potencial. Cuando Marcos dice: "Armo mis pinturas como se arma un poema, imágenes-palabras que van configurando una realidad, un clima, una sensación, un mundo. Las imágenes se despliegan en la superficie de la obra, no narrando, sino nombrando, nombrando mundos que se entrelazan con los elementos pictóricos hasta formar un todo inseparable", proclama, en realidad, el hecho estético como fenómeno autónomo capaz de enunciar un mundo independiente.
Marcos busca en la poesía un territorio en el que anclar su lenguaje y ampliar su conciencia. Así, su obra, despreocupada de la tradición de la mimesis y de espaldas al gran relato iconográfico, asume un proceso de refundación lingüístico capaz de proclamar una realidad nueva e inédita.

Malena Babino
Abril de 2007

Fragmento del prologo para exposición individual
de Jesus Marcos en el Museo de Arte Contemporáneo
Latinoamericano de la Plata. MACLA

 

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Próxima exposición: en Colección Alvear de Zurbarán

del 30 de junio al 10 de agosto de 2014

Av. Alvear 1658, C.A.B.A.

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www.jesusmarcosarte.com

www.zurbaran.com.ar