Sebastián Cura es experto montañista y gerente del complejo de eventos Espacio Pilar se mueve todo el tiempo, responde consultas, atiende el celular, chequea mails, puro stress típico de ese trabajo, pero en el almuerzo cambia radicalmente pero por apasionamiento por su deporte. La charla se extendió más allá del horario establecido por su pasión por el montañismo y nuestra curiosidad sin límites. Les resumimos los pasajes más destacados de esta entrevista.

¿Cómo fue tu comienzo en este deporte?

Desde chico siempre fui muy inquieto, era como que a donde fuera me quedaba chico, siempre estaba buscando conocer más, ir más allá de donde estábamos. Y gracias a que íbamos bastante de vacaciones a Brasil mi vista estaba puesta en el Morro. Quería subirlo, treparme y ver qué había del otro lado. Y una vez arriba quería ir al siguiente y así se me podía pasar el día entero hasta cualquier hora. Siempre me intrigó saber qué había más allá. Después, a los 14 años me fui de mochilero con un amigo al sur, y donde había una montaña la subíamos. Luego pasé un par de veranos en Quila Quina, San Martín de los Andes, junto al lago Lacar. Y también subí a todos los cerros de alrededor hasta que dije, ¿Por qué no el volcán Lanín? Recuerdo que otros chicos de esa edad -17 años- estaban todos con el fútbol o en la playa y yo subiendo al Lanín. Recuerdo que fue mi primer montaña con grampones, piqueta, campera inflada y borcegos de cuero que encontré en un ropero de la cabaña de mis abuelos… y como fue una muy linda experiencia lo subimos un par de veces. Muy lindo por la estética del volcán, por el hielo y porque hay que hacer noche en el refugio. Luego seguí con el Cerro Tronador que ya es más técnico y difícil pero hermoso. También lo hicimos un par de veces. En fin, siempre que podía me escapaba a alguna montaña, pero al ser de Buenos Aires, sucedía muy de vez en cuando.

Ahí comenzaste, pero ¿en qué momento te pasaste, por así decir, a las Ligas Mayores?

El montañismo comienza en mi vida más seriamente en un viaje en el que fui a esquiar a Chile. Me pasó algo extraño. Cuando volvía en el avión, vi por la ventanilla la cumbre del Aconcagua sobresaliendo por todas las otra montañas. Se veía impresionante, imponente, intocable, me sentí muy atraído pero.. bajé la mirada! Fue en ese momento que me dije ¿Por qué? Por qué bajé la mirada? Me atraía muchísimo! Es la montaña más alta del mundo fuera de los Himalayas, donde han perdido la vida más de cien montañistas, y muchas cosas me venían a la cabeza… la falta de experiencia, de entrenamiento, de conocimientos técnicos, su historia, el clima terrible, mucha altura, logística, muchas complicaciones… y fiel a mi naturaleza la respuesta salió sola ¿Por qué no? Ahí supe que ese sería mi próximo objetivo!
Bajé del avión y le dije a mi mujer, que en ese momento era mi novia, que iba a subir el Aconcagua. Simpre me dice que el brillo en mis ojos le dijeron que no podía negarse así que me apoyó desde el primer minuto. También a todos mis amigos, que me decían que estaba loco, pero que en el fondo me conocían y sabían que lo iba a hacer. Siempre fui de aceptar esos desafíos medio imposibles…, por ej.: en una época estaba trabajando en Nueva York y por las circunstancias laborales conseguí un pase para la maratón de NYC (42 km), que era dentro de.. 22 días!!! No estaba entrenando ni nada, y lo máximo que había corrido en mi vida era una de carrera de 8 km de un supermercado para divertirme! Y bueno, me volqué de lleno a entrenar a full. Recuerdo que un amigo me prestó un libro de entrenamiento que te guiaba en como entrenar para una maratón de 42 km en un año… y lo tuvimos que resumir a 22 días! La corrí y terminé en 4 horas 5 minutos. Con esto que quiero decir que siempre me atrajeron los grandes desafíos, los "no podes", o los "esto no es para vos", o esto es imposible. Me encantan! Y me dan más ganas de probar…

¿Y cómo fue tu entrenamiento para el Aconcagua?

Luego de asesorarme y conseguir entrar en una expedición guiada, sólo tuve tres meses para prepararme físicamente. Si, es una locura, pero a los tres meses estaba parado en la cumbre del Aconcagua. Obviamente no aconsejaría de ninguna manera que nadie haga eso. Tuve dos lesiones mientras entrenaba y mil complicaciones, pero por ejemplo el hotel Alvear (donde trabajaba) me dejó usar su piscina y seguí entrenando aeróbicamente para no cortar el ritmo. Todo de manera muy acelerada. Lo que diría es que hagan lo que yo NO hice, entrenar adecuadamente en los tiempos correctos.

¿En qué cambia una gran montaña como el Aconcagua de otra menor?

El Aconcagua lleva entre dos y tres semanas subirla. Hay que pasar por un proceso de aclimatación necesario para que el cuerpo se adapte a la falta de oxígeno que domina las alturas. Para darse cuenta del problema de la falta de oxígeno en una megamontaña como el Aconcagua que casi alcanza los 7.000 mts de altura, te puedo dar el siguiente ejemplo: si tomamos a una persona sana, entrenada y fuerte del nivel del mar y supongamos que pudiéramos dejarla en directamente en la cumbre, sin el proceso de aclimatación adecuado, moriría en cuestión de horas, ya que la falta de oxígeno le generaría edemas que acabaría con él.
El proceso de aclimatación genera mayor cantidad de glóbulos rojos para captar el poco oxígeno de las alturas. El cuerpo sufre una serie de alteraciones, por ejemplo se espesa la sangre, y para poder adaptarse a ellas hay que darle tiempo, mucho líquido y un ritmo de ascenso paulatino. Encima, las grandes montañas tienen otro serio inconveniente y se relaciona con los rescates, ya que no se puede acceder fácilmente a ciertos lugares. Por ej.: los helicópteros no llegan a esas alturas, aunque parezca insólito se sube caminando más allá del techo operativo que tienen, además de que los vientos son mucho más terribles. Hay que tener en cuenta que el Aconcagua es como un edificio gigante parado solo en la Cordillera el cual frena los fuertes vientos del Pacífico, y produce corrientes muy peligrosas en sus laderas. También se suma al tiempo que lleva un Aconcagua los dos días para llegar a la base y otros tantos para retornar y luego el asenso propiamente dicho, que son sólo de dos a cuatro días.
Estas grandes montañas te van a complicar todo, dormir, comer, tomar, ir al baño, etc. Cosas simples que no apreciamos en la vida diaria porque simplemente siempre están, las aprendés a valorar porque allá no hay nada kilómetros y kilómetros a la redonda. Nada. Ni agua. La altura lo complica todo.También a partir de cierta línea de altura, se acaba la vida. No hay plantas, ni ratones, hasta a veces ni cóndores u otros seres vivos viviendo allí. Y vos estás pasando esa línea. Tenés las horas contadas para sobrevivir allí. Se dice que en los Andes a partir de los 6.000 mts., y en los Himalayas más allá de los 8.000 mts. entrás en la zona de la muerte. Se dice que si cruzás esa altura ingresás a un ambiente hostil donde no sos bienvenido, en el que no podés arriesgar nada ni cometer errores porque los pagás con tu vida. Uno sabe que debe permanecer lo mínimo necesario y contar con la logística perfecta (agua, comida, combustible, abrigo, equipo, sin sobrepesos, timing perfecto, etc.) para poder cumplir con el objetivo y salir ileso.

¿Qué es lo que te motiva a practicar este deporte?

En un momento Christian Vitri dijo que "los montañistas vamos a la montaña a vivir experiencias intensas". Hay quienes dicen que van a buscar sus límites, a conocerse a si mismo, a buscar desafíos, a ver cómo se ve desde arriba, cosas que son realmente válidas, pero para mí es un encuentro conmigo mismo. En la montaña no importa tu raza, idioma, fortaleza, posición económica, entrenamiento, edad, etc., que cuando estás ahí sentís a la naturaleza en su máxima expresión. Estás vos solo con la montaña (y tu espíritu como mucho). La montaña te vuelve a lo más primitivo que tenemos dentro.
Si me preguntás del último año qué recuerdo, te digo que de lo cotidianoprácticamente nada. Pero de cada día vivido en la montaña todo. Los amaneceres, las comidas, las mateadas, los momentos de riesgo, los momentos de ocio, los chistes, las vistas, los esfuerzos, etc. absolutamente TODO. No es sólo la cumbre. En ella estás una hora, como mucho! Pasaste todo un año de sacrificio para solo unos minutos en la cumbre, pero porque lo que realmente se disfruta es todo lo que te lleva hasta allí. Cada experiencia en la montaña, buena o mala, creo que me hizo mejor persona, mejor deportista, mejor compañero. La montaña me acercó a lo más puro que pude encontrar de mi propia escencia.

¿Te deja algo especial subir una montaña?

No existe la persona que vaya a la montaña y vuelva igual. Siempre se vuelve distinto. No hace falta que sea una megamontaña como el Aconcagua o los Himalayas, podés ir a Sierra de la Ventana y vivir una experiencia única que te cambia. Obviamente cuanto mayor es el reto uno vuelve más cambiado. Pero sí, claro que te deja algo especial, una experiencia que difícilmente olvides.

¿Cuál es el objetivo real que tienen al subir una montaña?

Vivir intensamente. El objetivo es principalmente volver vivo, no sólo la cumbre. Llegar es sólo la mitad del camino, luego hay que volver, que es lo más peligroso. Tené en cuenta que casi el 80% de las muertes son en el regreso. Esto es porque estás agotado y ya no podés pensar bien, sin concentración, por la dificultad del terreno, el cansancio extremo, las bajas temperaturas, por haber ido más allá de tus límites, por los horarios (a veces más de 24 horas caminando sin parar), o por el hielo blando (que cuando subimos estaba duro), etc.

¿Y el oxígeno auxiliar?

No va, deportivamente está descartado. Si vas a una montaña es a bancarse justamente eso, la falta de oxígeno que tiene la altura. Cualquier récord no se registra si es hecho con oxigeno. Te descalifican, está considerado dopping. Al Everest se subía con oxígeno hasta que llegó Reinhold Messner, lo subió sin oxigeno y rompió todos los paradigmas. Hoy no sólo el Everest, sino que las 14 montañas que tienen más de 8.000 metros se han subido varias veces sin oxígeno.

¿Cómo es dormir en esas alturas?

Es muy difícil e incómodo. La verdad es que yo aclimato bien, entonces no suelo sufrir de insomnio, pero todo es muy difícil a esa altura. Hasta atarte un cordón. Muchos sufren y no duermen semanas a veces. Tienen cefalea, mareos, etc.

¿Cuál es el entrenamiento que hacés para prepararte?

Durante el año corro muchísimo. Me anoto en carreras de calle, hago gimnasio, escaleras, velocidad y resistencia. Así, unas dos veces al año, trato de ir a la montaña.

¿Considerás que el montañismo es un deporte solitario o grupal?

Los montañistas somos seres especiales. Tendemos a ser solitarios y aislarnos, pero en realidad somos muy buenos formando equipo. Cuando vas a la montaña dependés de tu grupo. Cuando escalás vas atado al otro mediante una cuerda y esa es tu conexión a la vida o a la nada. Sabés que tus compañeros van a dar todo, incluso la vida por vos. No hay reglas escritas pero es así, van a hacer todo por sus compañeros. Pensá que en la escalada de dificultad esto se potencia. Todos viven situaciones extremas y hay una comunión muy fuerte. La solidaridad es extrema. Cuando escalás en una cordada vos confiás tu vida en la otra persona y la otra en vos. Esto es así no sólo por la cuerda que te une, sino que si te lastimás, te rompés una pierna o te resbalás, te enfermás, te da un edema, etc., no vas a salir de ahí si no es por tu compañero.
Los más lindo es que los amigos que hacés en la montaña son para toda la vida. El lazo que se genera es muy fuerte y para siempre.

¿A qué edad se puede empezar?

No hay una edad para empezar ni para terminar. Las trabas las pone uno. Con ganas, determinación y espíritu todo se puede. He visto a chicos muy jóvenes y a personas de más de 65 años disfrutar de la montaña perfectamente.

¿Qué aconsejás para empezar?

Lo mejor es acercarse a los clubes de montaña como por ej., el CABA (Centro Andino de Buenos Aires), o Azimutrek, o a alguno de los clubes de escalada o a las palestras que hay en los barrios. Son lugares que enseñan técnica y seguridad, te entrenan y también te llevan a la montaña. Hay muchos y uno puede contactarlos para que te asesoren adecuadamente. O sea, hay que ir escalón por escalón, de a poco, juntando experiencia junto a los que saben y así por ir mejorando a cada paso para llegar más lejos y más alto.

¿Cuál fue la cumbre más linda?

Es muy difícil, a todas las grandes cumbres he llegado llorando… es una situación de emoción inexplicable. Todas te quedan grabadas a fuego, pero el primer Aconcagua me cambió la cabeza. Estar en tan sólo 3 meses de entrenamiento (físico y mental) en esa cumbre me hizo entender que todo se puede, que los límites los pone uno. Me enseñó que todo está limitado, la comida, el agua, el aire, el tiempo, etc. Pero también que fuera de los factores climáticos, claro, lo que uno quiere lo puede conseguir.
Pero también me acuerdo que después del accidente del Himalaya, en donde perdí 5 de las falanges de los dedos de las manos, había quedadomuy dolorido, hipersensible y propenso a congelarme nuevamente y tenía mis fantasmas para volver a subir. Así que a el siguiente Aconcagua iba con muchas dudas y miedos, y al llegar me emocioné mucho y aprendí una nueva lección: que a pesar de lo vivido, del aviso, del sufrimiento, de haber entendido los límites, del "Ojo, que te pasaste de la línea!", pude volver y ser el mismo de antes sin congelaciones ni problemas! Por eso, el tercer Aconcagua es una cumbre que recuerdo mucho también.

¿Y el momento más duro?

Sin duda fue en el Himalaya… una experiencia muy fuerte y conmovedora.

¿Querés contarnos?

Si, pasaron muchas cosas y muy duras. Fuimos a hacer un documental sobre una expedición argentina al Dhaulaguiri, una de las cumbres más importantes y difíciles del Himalaya.
Normalemte al Himalaya se va con megaexpediciones, guías, carpas comedor, cocina, cocineros, sherpas que cargan e instalan campamentos enteros, cuerdas, ec. Te dan todo. Nosotros fuimos de un modo austero pero profesional. Deportivamente hablando fuimos en estilo alpino, que quiere decir que vas a la montaña con tus propios medios, que te armás los campamentos vos, etc. Fuimos del mismo modo que vamos a los Andes, sólo que al Himalaya. La única diferencia fue la cantidad y peso del equipo, y que se contrató un porteo hasta la base.
El Himalaya era el sueño de todos los que íbamos, era la meta máxima a la que podés aspirar en toda tu vida de montañista. Todo allá es por 10, los desiertos, las selvas, las tormentas, el sol, las distancias, todo es mucho más, así lo sentíamos, por ej.: sólo llegar a la base nos tomó 7 días intensos de trekking por todo tipo de terrenos, atravesando pueblos y poblados hermosos a donde no llega nada, ni autos, ni electricidad, ni carretas, caminos, nada.
En el asenso tuvimos algunos problemitas con varias cosas. No se habría la ventana del clima que esperábamos y eso generó cambios en la logística. Había posibilidades de avalanchas en el campo 2 (el año anterior habían quedado enterrados dos españoles), tuvimos que apurar un poco el ataque a la cumbre y eso nos puso en los 7.500 mts muy de golpe. En ese momento sufrí la congelación en mis manos y desistí del ataque a cumbre. Y Guille, uno de mis compañeros, decide bajarse también. Los otros dos, Darío (el líder de la expedición) y Christian, salen esa madrugada para la cumbre. Chris hizo cumbre esa tarde y Darío volvió pero intentó nuevamente al día siguiente hacer cumbre en solitario, y nunca volvió. Darío tenía ya dos cumbre en los Himalayas (una en solitario) y un futuro muy prometedor. Sufrimos muchísimo su pérdida. Una gran persona, un gran montañista y un gran expedicionario.
Yo tuve que bajar urgente a la base por mis medios y por suerte la gente de AL FILO DE LO IMPOSIBLE, me asistió y me subió a su helicóptero un par de días más tarde para que pueda estar en horas en Kathmandú para hacerme atender por un médico y volar a España el día siguiente para ir a un hospital especializado. De otro modo, tendría que haber caminado una semana y hubiera perdido dedos enteros. De este modo sólo sufrí cinco amputaciones de medias falanges y hoy puedo tener una vida normal.
Si lo haría de nuevo? Por supuesto! Es la experiencia más dura pero más intensa y profunda que tuve en mi vida. Nada nos va a devolver a Darío y eso es lo más triste, pero esta experiencia me cambió radicalmente, crecí y hoy tengo otro modo de ver la vida y la muerte, y no sería el mismo sin ella. No me arrepiento de nada y agradezco haber tenido la oportunidad de hacerlo.

¿Cuál es tu próximo objetivo?

Con Christian Vitri y Guillermo Glass tenemos proyectado ir al volcán Llullaillaco en la Puna, para terminar de filmar el documental del Himalaya que va a llamarse "Namasté", y para el cual estamos buscando sponsors.

Nos buscan de la oficina y hay que "bajar" al trabajo y nos quedamos con ganas de experimentar este deporte ¿no?...