El status de Rolex y la identidad única de la marca derivan directamente de una historia cuyos ejes fundamentales son la pasión por la innovación y la búsqueda constante de la excelencia. Esta historia, una sucesión fascinante de logros pioneros que combinan aventura relojera, industrial y humana, se asimila en gran medida a la del Oyster, primer reloj de pulsera hermético nacido en 1926 y convertido, con el paso del tiempo, en el pilar de una gama de relojes legendarios que se encuentran entre los más reconocidos y los más reconocibles del mundo. El éxito de Rolex está íntimamente ligado al extraordinario espíritu de empresa de su fundador, Hans Wilsdorf (1881-1960). Con su talento visionario y su excepcional capacidad para abarcar todos los dominios de actividad –técnica, comunicación, organización y distribución– marcó, durante más de cincuenta años al mando de la empresa, los hitos fundamentales de una aventura que ha dado origen a relojes de excepción, así como a una marca sin igual.

La aventura Rolex da comienzo a principios de la década de 1900. Nacido en Baviera, Hans Wilsdorf da sus primeros pasos en el universo relojero en La Chaux-de-Fonds, Suiza. En una época en la que los relojes de bolsillo eran la norma, él se percata del gran interés que representa el reloj de pulsera en ese naciente siglo XX, aun cuando éste todavía es poco preciso y se considera ante todo una joya esencialmente femenina. Hans Wilsdorf presiente que el reloj de pulsera está destinado pordefinición a imponerse como una necesidad cotidiana, tanto para los hombres como para las mujeres, siempre y cuando se demuestre que puede ser un instrumento preciso, hermético, robusto y fiable. Su genialidad consistirá en anticipar esta realidad, hoy en día percibida como evidente, y contribuir a hacer del reloj de pulsera el objeto de referencia en el que se ha convertido.

LA BÚSQUEDA DE LA PRECISIÓN CRONOMÉTRICA Y DE LA HERMETICIDAD

Inicialmente se instala en Londres y funda en 1905, junto a su socio, la compañía Wilsdorf & Davis, especializada en la comercialización en Gran Bretaña y todo el Imperio Británico de relojes de pulsera cuyos componentes son fabricados por sus asociados suizos. Entre ellos figura la Maison Aegler, en Bienne –que se convertirá posteriormente en la Manufacture des Montres Rolex S.A.–, la única capaz, en su opinión, de fabricar los movimientos que necesita para sus relojes de pulsera, que han de ser de pequeño tamaño al tiempo que precisos. En 1910, un reloj de pulsera Rolex obtiene el primer certificado de cronometría del mundo jamás otorgado a un reloj de ese tipo por la Oficina de Control del funcionamiento de relojes de Bienne (Suiza). Cuatro años después, en 1914, un modelo similar obtiene el primer certificado del mundo de clase A del prestigioso observatorio de Kew, en Gran Bretaña, jamás atribuido a un reloj de pulsera, distinción que hasta entonces se reservaba a los Cronómetros de marina. Simultáneamente, en previsión de la importancia del concepto de marca, Hans Wilsdorf inventa en 1908 el nombre «Rolex » para firmar sus creaciones. Los criterios que se impone resuenan hoy en día con una sorprendente modernidad. Quería, efectivamente, un nombre: corto, de cinco letras como máximo; fácilmente pronunciable en todos los idiomas; que suene bien al oído; fácil de memorizar; que se inscriba con armonía sobre la esfera y el movimiento del reloj.
Hans Wilsdorf deja Inglaterra en 1919 para establecerse en Ginebra (Suiza), donde en 1920 funda la compañía Montres Rolex S.A.

EL OYSTER, O LA INVENCIÓN DEL PRIMER RELOJ DE PULSERA HERMÉTICO

En 1926, los avances de Hans Wilsdorf en el terreno de la hermeticidad tienen su fruto con la invención del Rolex Oyster, primer reloj de pulsera hermético del mundo gracias a su caja dotada de un inteligente sistema patentado de bisel, fondo y corona enroscados. Sellado herméticamente, ofrece una protección óptima del movimiento.

NACIMIENTO DEL CONCEPTO DE TESTIMONIAL

En 1927, el instinto creativo de Hans Wilsdorf en materia de comunicación se plasma de un modo espectacular. Su idea: someter al Oyster a una prueba de fuego para poner a prueba sus cualidades. Y añadir a ese «saber hacer» un «hacer saber». Ese año, la joven nadadora inglesa Mercedes Gleitze cruza el Canal de la Mancha a nado equipada con un Oyster. Pasadas más de diez horas, el reloj sale del agua funcionando a la perfección. Para celebrar la hazaña, Hans Wilsdorf publicó en el Daily Mail una página completa en la que se proclamaba el éxito del reloj hermético y se anunciaba «la marcha triunfal del Rolex Oyster por todo el mundo».

EL ROTOR PERPETUAL

Como al reloj de pulsera hay que darle cuerda a mano a diario, efectivamente es necesario desenroscar la corona, lo cual compromete su hermetismo y, por tanto, su precisión. En 1931, Rolex inventa el primer sistema de cuerda automática para reloj de pulsera con rotor libre, bautizado como rotor Perpetual y precursor de los sistemas contemporáneos de cuerda automática. Esta innovación consiste en una pieza que gira libremente en los dos sentidos alrededor de un eje. Son, sencillamente, los movimientos de la muñeca los que dan cuerda al movimiento permanentemente. El rotor Perpetual relega así al pasado a la cuerda.

EL MUNDO COMO TERRENO DE VALIDACIÓN

Desde 1926, con la invención del Oyster, el mundo se convierte para Rolex en un verdadero terreno de expresión que permite a la marca validar a tamaño natural las cualidades intrínsecas de sus relojes. Ya sea en la superficie marina o en lo más profundo de los océanos, en la cumbre de las más altas montañas o en los confines polares de la Tierra, allá donde prevalecen las condiciones extremas, Rolex no ha parado de poner a prueba las cualidades de precisión, hermeticidad, robustez y fiabilidad.

DESARROLLO DE RELOJES PROFESIONALES

En este contexto de estrecha relación con el mundo y con el telón de fondo de nuevos ámbitos de actividad como la aviación civil o la exploración submarina, Rolex desarrolla a lo largo de la década de 1950 un concepto de relojes-herramientas denominados «Profesionales», cuya función supera la simple lectura de la hora. Así, en 1953 ven la luz el Oyster Perpetual Explorer, nacido directamente de la conquista del Everest; el reloj de buceo Oyster Perpetual Submariner, equipado con un bisel giratorio graduado que permite leer el tiempo de inmersión y garantiza la hermeticidad hasta 100 metros de profundidad (posteriormente, ese mismo año, a 200 metros); el Oyster Perpetual GMT-Master, lanzado en 1955 para responder a la necesidad específica de los pilotos de línea de disponer de un instrumento capaz de fijar la hora en diferentes lugares del planeta gracias a la aguja suplementaria 24 horas y al bisel giratorio graduado 24 horas. El año 1956 es testigo del lanzamiento del Oyster Perpetual Milgauss, ideado para resistir a los campos magnéticos. En 1963, Rolex lanza el Cosmograph Daytona, un cronógrafo que permite leer los intervalos de tiempo y calcular la velocidad media gracias a su bisel taquimétrico graduado.

LOS AÑOS DE CONSOLIDACIÓN Y MADUREZ

El año 1960 estuvo marcado por el fallecimiento de Hans Wilsdorf. Éste deja tras de sí una obra considerable, cuyo éxito ha mantenido gracias a su talento. De hecho, en 1945 crea en Ginebra la Fundación Hans Wilsdorf, que se convierte en la propietaria de la empresa. Así, Rolex puede seguir creciendo y perpetuar con toda independencia el talento visionario y el espíritu de empresa iniciados por su fundador. André J. Heiniger, quien sucede a Hans Wilsdorf en 1963, toma las riendas del destino de Rolex, perpetuando este legado. Hombre de fuertes convicciones, tuvo el mismo sentido visionario que su predecesor.

Con la llegada del cuarzo a finales de los años 1960, Rolex participa activamente en la creación del primer movimiento de cuarzo suizo, el Béta 21. En 1977 lanza el modelo Oysterquartz, equipado con un movimiento 100 % Rolex. No obstante, haciendo caso omiso de las promesas que suponía esta nueva tecnología, toma la decisión estratégica de permanecer fiel al reloj mecánico y proseguir con lo que constituía su ámbito de excelencia.

INICIATIVAS PIONERAS EN MATERIA DE PATROCINIO Y MECENAZGO

Bajo el ímpetu de André J. Heiniger, firmemente comprometidoa aumentar la visibilidad de la marca, en las décadas de 1960 y 1970 nacieron asociaciones pioneras entre Rolex e instituciones, deportistas de excepción y artistas de renombre internacional. Estas uniones privilegiadas contribuyeron al surgimiento de los patrocinios deportivos y culturales. Rolex innova asimismo en el ámbito filantrópico.
En 1976, para celebrar el 50 aniversario del Oyster, André J. Heiniger creó los Premios Rolex a la Iniciativa cuyo cometido es aportar ayuda financiera a hombres y mujeres que buscan nuevas vías susceptibles de ampliar los conocimientos y mejorar el bienestar de la humanidad.

UN HIMNO A LA FEMINEIDAD

La primera década del siglo XXI está marcada asimismo por una explosión creativa en torno al tema de la femineidad. De hecho, desde sus orígenes, los relojes Rolex siempre han ofrecido una amplia gama de modelos destinados a un público femenino. Los nuevos modelos femeninos de la gama Datejust ven la luz, sublimando el refinamiento estético del Oyster. Engastados o no, presentados en distintos tamaños y con esferas decoradas con motivos de colores llenos de frescura y vitalidad. Es también el caso de los nuevos Lady-Datejust Pearlmaster o del Datejust Special Edition. Con esferas Goldust Dream, Gold Crystals o con motivos florales diseñados por Rolex, este mosaico muestra un brillante dominio creativo y una técnica que no cede en nada a las exigencias de precisión, hermeticidad, robustez y fiabilidad propias de todos los Oyster.

UNA TRADICIÓN FILANTRÓPICA SIEMPRE CREATIVA

La implicación de Rolex en el ámbito filantrópico no se queda atrás, ya que el año 2002 ve nacer una nueva y original iniciativa. Patrick Heiniger impulsa el programa de « Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos », concebido con el propósito de ayudar a jóvenes artistas prometedores a realizar su pleno potencial bajo la mirada de un destacado maestro de la disciplina en cuestión. Este programa ilustra la tradición filantrópica de Rolex que se traduce en el quehacer del Rolex Institute.

UNA INCANSABLE BÚSQUEDA DE PERFECCIÓN

La aventura de Rolex y del Oyster es una historia sin fin que combina tradición, prestigio y tecnología. Una prodigiosa epopeya hecha de belleza, excelencia e ingeniosidad y, por tanto, jalonada de innovaciones. Una epopeya en la que la pasión se une a una incansable búsqueda de perfección. Tanto Rolex como el Oyster continúan escribiendo algunas de las páginas más fascinantes de la historia relojera.

Cada hora, cada minuto, cada instante...