De los equilibrios posibles, el inestable, suele ser el más cautivante, por su imprevisión. Porque la presunta tranquilidad ofrecida, está –ahora y en todo momento- en alerta, a punto de perderse. Y cuando ocurre, acude al rescate únicamente la esperanza de otra pronta calma por venir. Esos ciclos, quizá, puedan explicar de alguno de los modos posibles, el pulso de la vida misma.

Las superficies alabeadas de Logioio, son, al mismo tiempo, calma y alerta. A penas posadas, las formas promueven una experiencia de tensión permanente. Desafían la estabilidad, insinuando un movimiento que no termina de ocurrir. Excepto el del observador, que inducido por el misterio que esconden los varioslugares -contenidos y contenedores- que disputan obra y espacio, se presta gentil aunque obligado, a envolver la obra con un recorrido, en el intento de abarcarla. Entonces las figuras cambian, el plano se hace línea, la línea punto; aparecen las sombras, las oscuridades y los reflejos. Las sospechas se cumplen o fracasan, atizadas por la quietud y movimiento que confrontan y se reconcilian en cada giro. La significación, no obstante, es alcanzada con eficiencia y economía de recursos desde todos los ángulos.

Vechy Logioio, nació en La Pampa. Quizá la llanura mediterránea, huérfana de cordillera y mar, los acercara igual, a fuerza de añoranza o extrañeza; y entonces surgieran tal vez, como motivación y esperanza. O quizá la planicie llana, y los médanos variables y mutantes, a fuerza ahora, de vientos persistentes y pacientes, trajeran la inspiración para una obra que remite, en cualquier caso, a la naturaleza misma.